lunes, 30 de agosto de 2010

Clase turista

Al fin pudimos empezar a hacer vida de turistas! Después del trajín de la búsqueda de departamento del viernes el sábado pudimos relajarnos. Nos levantamos tarde y salimos con todas las ganas a caminar la ciudad. Emprendimos la marcha para el lado que nunca habíamos ido. Toda esta ciudad esta llena de callecitas empedradas que funcionan como peatonales y calles al mismo tiempo. Cada una cercada por edificios llenos de balconcitos que me vuelven loca.
Es caminando por estas calles que te sentís en un mundo aparte, como en otra dimensión, y ahí tomas realmente conciencia de que estas en otro lado.
Empezas a caminar y perdés noción del tiempo, podes haber caminado dos cuadras que parecieron dos kilómetros o podes haber hecho dos kilómetros en dos minutos.
Ya se nos había hecho tarde y no habíamos desayunado, así que nos metimos en un barcito atendido por un típico gallego. Pedir algo en un bar o en un negocio es toda una experiencia aparte. Son raros acá. En primer lugar, te sentás y a los dos segundos vienen y esperan que les digas que vas a pedir sin siquiera haberte traído la carta o esperado que la leas y decidas si es que estaba en la mesa. Decidir es toda otra cuestión importante… ¿Quién dijo que en España y Argentina se hablaba el mismo idioma? Intentar descifrar un menú es tarea de expertos, y, para colmo, si le preguntas algo te contestan con lo mismo que preguntaste, como por ejemplo, si uno pregunta que son los espaguetis a la carbonara, el mozo te mira con cara de “que entupida que sos” y te dice: “son espaguetis con salsa de carbonara.”, fácil para decidir….
En el barcito este pedimos café y tostadas, uno piensa que algo tan simple como eso no puede ser diferente, pero siempre hay una manera de sorprenderse… el café te lo traen como en un vasito de vidrio sin manija y es fuertísimo, y las tostadas no son rodajas de pan, sino que es un bollo de pan cortado a la mitad y tostado.
Esta vez comimos tranquilas, y nos quedamos ahí charlando un rato largo, creo que no nos quedó tema de conversación por tocar, la verdad fue re lindo poder charlar y empezar a conocernos cada vez más.
Después de cómo dos horas ya decidimos volver, pero Ale quiso volverse al hotel a descansar y con Vicky y Euge nos fuimos supuestamente a comprar un chip para mi teléfono. Nos metimos al centro caminando y empezamos a dar vueltas. Primero anduvimos por las calles principales que ya conocíamos, pero después encaramos mas para las del costado que desembocan en la catedral. En esta parte hay muchos bares y restaurantes más chetos y todo esta mas preparado para los turistas. Lo lindo es que por esta zona hay localcitos de árabes o marroquíes (perdonen mi ignorancia, no me acuerdo que eran) que vendían todas esas chuladas que me gustaría comprarme pero que nunca usaría, como por ejemplo los caderines llenos de moneditas que hacen ruiditos, blusas de bambula, esos bombachudos tipo Alí-baba y todas esas cosas.
Estando en uno de esos, mientras me probaba un bombachudo (quédate tranquila mamá que no me lo compre y Gebia vos te morís si los ves) escucho que empiezan a hablar en otro idioma indescifrable y la Euge les pregunta que era, y el chico le dijo que hablaban en una especie de dialecto mezcla de francés y marroquí. Fue rarísimo escuchar como suena ese idioma, y te da cuenta de la interculturalidad presente en Granada.
Seguimos dando vueltas, llegamos a la catedral a la que no pudimos entrar, y a la vuelta a que no saben a donde entramos? Si, afirmativo, a ZARA, jajaja. Ya hice mis primeras incursiones en este templo de la moda (?) y me compré de liquidación un par de zapatitos de los cueles estoy absolutamente enamorada y una hermosa remera manga larga. Obvio que al llegar al hotel me arrepentí de no haberme comprado mas cosas de liquidación, pero no debo desesperar, ya volveré a ir.
Hoy domingo decidimos que íbamos a ir a la playa. La provincia de Granada tiene algunas playas, pero dicen que las mejores están en el área de Málaga, de todos modos a nosotras nos convenía ir a las de Granada porque están al toque, la primera esta a 60 kilómetros, un autobús (ni se les ocurra decir colectivo porque no te entiende nadie) te deja ahí rápido.
La idea original era de alquilar un auto por el día, pero al llegar a el negocio (que fue toda otra cuestión porque acá los gallegos los domingos no hacen NADA, no abre nada de nada, nada! Está todo cerrado, ni el super, ni las cafeterías, ni los negocios ni nada!) Nos encontramos con que salía más caro de lo que pensábamos así que decidimos tomarnos el bondi. Por lo general uno se maneja caminando acá, pero de todos modos hay muchos colectivos, super modernos y cuidados que pasan cada dos por tres y que te llevan a cualquier lado. Como nosotras íbamos a la estación de autobuses que queda medio a las afueras si o si teníamos que tomarnos uno. Gracias a dios la chica que nos recibió el jueves nos había dejado un mapa de la ciudad que se convirtió en nuestro mejor amigo, y un mapa de los colectivos y sus paradas, así que encontrarlo y tomarlo fue fácil (en esta semana hemos adquirido el grado supremos en lectoras de mapas).
Así fue como emprendimos el viaje a la ciudad de Salobreña (nunca me acuerdo el nombre!).
En la estación de colectivos tuvimos que esperar un rato hasta que saliera el nuestro, así que me puse a dar vueltas por ahí y encontré un puestito en el que vendían libros. Fue una grata sorpresa descubrir que acá los libros salen baratos. Tenés libros desde 3 euros y todos con ediciones liadísimas, de super buena calidad. Chocha estaba, me había decidido por uno y cuando lo estaba por pagar encontré uno de Laura Esquivel, así que en el acto cambie de libro y me traje “Malinche” (que por cierto ya empecé a leer y esta muy bueno).
Yo no se por qué pero estaba muuuuy cansada y me dormí todo el viaje de ida. Llegamos y se noto marcado el cambio de clima. Granada es muy caliente, pero el calor acá es seco, y a diferencia de Salobreña que el clima es húmedo, así que los pelos se volvieron salvajes y la caminata fue mas dura, pero después de andar un rato llegamos a la playa-
Salobreña es un pueblito chico pero super pintoresco. Tiene sierras y mar, es más, las casitas estan todas sobre la montaña y son todas blancas, la verdad muy, muy hermoso. La playa es media rara, no es la típica playa de arena que pensamos nosotros, es de piedra, por lo que caminar sin ojotas es una experiencia religiosa. Aparte no hay olas, hay unas mini olitas como de lago, y como que baja de golpe así que es hondo y se puede nadar.
No había sol pero sabíamos que la resolana nos iba a matar así que nos alquilamos unas sombrillas con “tumbonas” (reposeras) y nos echamos al sol.
Lo gracioso fue cuando decidimos ir al agua. Yo no se porque tenia la idea de que no iba a ser salada y vaya sorpresa me pegue cuando la probé! Las chicas todavía se me estén riendo que creía que el agua iba a ser dulce.
Estuvimos todo el día echadas como sapos, tomando mate, comiendo galletitas y hablando giladas.
Esta ha sido la primera experiencia turística que hemos tenido, ya estaré escribiendo las próximas, esperemos que sean muchas! Besos granadinos para todos!
(Nota: en el facebook estan las fotos! y mañana nos mudamos! así que esperamos tener wi-fi rapido)

1 comentario:

  1. realmente...estás empezando una novela!! Seguí escribiendo así miluu!! Es como si estuviese allá!!

    ResponderEliminar